Tres.11 – Capítulo 4 – Rebuilding-Sud

Desperté sobre la cama en la habitación de visitas de mis padres y con un ligero dolor en la parte derecha de la cabeza. Tenía un pequeño vendaje para sostener la gasa que cubría mis 4 puntos que me había puesto en la cabeza, empecé a recordar borrosas imágenes del momento que me ayudaron a levantarme, cuando me curaban la cabeza, abría los ojos y los volvía a cerrar adormilado. Lo más extraño es que uno de esos recuerdos era en una especie de hospital, con doctores a mi alrededor, luces en el techo, voces o ruidos como si hablasen junto a mí. Era un recuerdo muy vago, hasta recuerdo las manos que me sostenían la cabeza y que el doctor llevaba una especie de gafas que le ayudaban a realizar la pequeña cirugía.

Mi madre me vio despertar e inmediatamente se acercó a abrazarme, enseguida hizo lo mismo mi padre mientras decía:

  • Ves, debí acompañarte, no es fácil moverse con todo este desastre, debiste llevar mejores luces para no tropezar en la oscuridad, ¡pudo ser un golpe más fuerte!. Felizmente te encontraron rápidamente 2 personas y cuidaron de ti. ¿recuerdas? Te curaron la herida, que suerte que eran médicos.
  • Papá, no te preocupes, estoy bien. No recuerdo mucho luego del golpe pero me siento bien ahora. ¿Cómo se llamaban esas 2 personas? No recuerdo cuando me curaron la herida de la cabeza ni como llegué aquí.
  • Uno dijo llamarse Oscar y el otro, mmm no recuerdo, era un nombre extranjero pero ambos fueron muy amables en traerte hasta aquí, con lo complicado que es llegar y se dieron la molestia de hacerlo. ¡Qué bueno que pudiste darles la dirección, bueno la ubicación!
  • Pues no tengo ni idea como lo hice, sinceramente no recuerdo mucho. ¿Cuando fue eso?
  • Anoche hijo – dijo mi madre – anoche muy tarde, tu padre estaba preocupado y quería salir a buscarte. Pero esperamos un poco más hasta que vimos unas luces fuera y eran ellos que te traían. Al principio nos asustamos al verte dormido en la pequeña cabina que traían dentro de una gran camioneta, nunca vi un auto así, parecían exploradores, imagino que son uno de esos autos que están haciendo estudios sobre los sismos y el hundimiento de Lima.

Mientras mi madre hablaba, recordaba vagamente una luz sobre mis ojos, muy fuerte apuntando mi cuerpo entero, había personas a mi alrededor pero no podía distinguir sus rostros. Fue como un par de segundo que abrí ligeramente los ojos y eso es todo lo que recordaba.

  • Bueno, no se preocupen, ya me siento bien. Tenemos que preparar las últimas cosas que nos llevaremos, recuerden que está previsto que el mar suba unos centímetro más esta semana así que ya es hora de movernos a una zona más alta. Papá, mamá, yo sé que aquí dejan sus corazones y les apena mucho irse, pero no hay remedio. Todo lo que hemos vivido en esta casa se irá con nosotros y nadie ni ningún desastre natural nos lo podrá quitar.

Al intentar levantarme de la cama, sentí un pequeño mareo pero no le tomé importancia. Abracé a mis padres y sentí como sus brazos me apretaban muy fuerte, sabía que no era fácil toda esta situación, la casa casi destruida, la familia separada, la ciudad en ruinas, el país recuperándose de la catástrofe y el mundo intentando regenerar todo el desastre ocasionado por el ser humano durante décadas, pero había que dejar todo para empezar de nuevo, había que ser pacientes pero constantes para ser parte del cambio que el mundo entero había empezado a realizar.

Durante los últimos años, los países empezaron a ser más flexibles a causa de los desastres naturales, no sólo el Perú había recibido un duro golpe con los terremotos, erupción de volcanes y tsunamis, sino también Asia con la desaparición total de Japón y de muchas islas alrededor, la contaminación en grandes ciudades habían ocasionado que el agua de las lluvias, ríos y mares sean casi intocables por la tremenda suciedad. Además, la última guerra con armas químicas y virus que afectaron a millones de personas hasta matarlos, hizo que colapse todo y, al parecer, sin marcha atrás. Había que hacer algo y esa era la idea de casi todo el mundo, literalmente hablando.

La mañana siguiente estábamos listos, mis padres estaban sentados en lo que quedaba del jardín fuera de casa, conversaban con unos vecinos, amigos de toda la vida que también vivían cerca. Yo los miraba desde la parte más alta de casa, miraba el mar como, imparable, reventaba sus olas ya muy cerca a casa y como el rezago de agua y espuma llegaba casi hasta nuestra puerta, ahí donde mis padres se encontraban. Una palmera junto a casa empezó a tambalearse, sus raíces ya no podían sostenerla más, era inevitable su caída; lentamente cedió hasta caer sobre un muro de nuestra casa y crear una grieta enorme en aquella pared hasta el suelo. El mar se acercaba y era hora de irse. Bajé rápidamente intentando no ver nada más de la casa para no despedirme de ella, no quería ni llorar ni hacer sentir mal a mis padres, sólo debía salir de ahí.

  • Papá, mamá, es hora de irnos, ya todo está listo en la camioneta. En ese momento el agua del mar tocó nuestros pies, mis padres seguían sentados en sus bancos de madera, chapoteaban con sus pies en el agua.
  • Si llegó la hora hijo – sabía que su tristeza era inmensa, pero era irremediable. Muchos vecinos habían partido y sólo algunos decidieron quedarse por si, a causa de un milagro, todo cambiase.  Se abrazaron a sus amigos, nos despedimos todos de ellos y subimos a la camioneta que me habían dejado unos colegas de Europa que trabajaban en Lima.
  • Mamá, no llores por dejar la casa, alégrate de saber que todos estamos bien, que tenemos una segunda oportunidad para estar unidos. El mundo puede cambiar, podemos hacer algo – Les dije realmente con poca fe porque casi no creía que, mientras ellos  y yo viviéramos, podamos ver cambios positivos.

Salimos con dirección a la zona alta de Lima, lo que antes era la Molina, a una comuna donde unos buenos amigos de mis padres vivían y donde, de momento, estaríamos alojados hasta que llegue el día de nuestro vuelo a Madrid, hasta entonces teníamos un mes largo para convivir con el desastre y dar la ayuda necesaria a quienes lo necesitaban.

La pequeña comuna, a la cual la llamaban “La molina” como el distrito, reunía 28 familias en pequeñas casas que estaba bien organizadas, limpias y con la nueva tecnología que existía en el mundo actual. Luces con energía solar obtenidas de pequeños paneles que no sólo aprovechaban la luz solar, sino también la fuerza del viento y el oxígeno, tanto de la humedad como del aire. Reconstruidas con material reciclado y con ayuda de los pequeños robots que se había enviado a Lima para ayudar en la construcción; los cuales podían soldar, clavar madera, organizar y planificar la construcción y sobre todo volar, la misma tecnología que usaban los nuevos Drones. No estaba sorprendido por la forma como trabajaban en las nuevas casas, ni tampoco por la tecnología utilizada; puesto que yo había trabajado en aquellos robots en mi empresa en Alemania, hacía unos años atrás, para ayudar con esas labores hasta ser enviados a través del programa Europeo “Rebuilding-Sud”  y siempre fue uno de mis sueños verlos manos a la obra en mi propio país y felizmente muy funcionales.

Fue agradable hablar con los vecinos en la primera reunión de la comuna  a la que asistimos al segundo día. Mis padres se sentían más contentos y yo mucho mejor del golpe en la cabeza. El verano se acercaba y el vendaje me molestaba en la cabeza. Diciembre llegaba cálido, con días donde el sol era insoportable; felizmente las casas estaban acondicionadas para mantenerse  frescas, sin la necesidad de aire acondicionado. Desde hace unos años atrás se había descubierto un mineral que, al recibir el impacto del sol, reaccionaba de forma increíble y se enfriaba para evitar calentarse. Ese mineral, nombrado FR-1, se ocultó al mundo por empresas que se veía amenazadas con perder sus grandes negocios de aire acondicionado. Felizmente se empezó a usar a nivel mundial y en gran cantidad ya que se podía encontrar fácilmente en muchos lugares del planeta. Cada nueva vivienda “Bio” que se construía, llevaba fragmentos de ese mineral en los techos livianos y entonces las casas siempre tenían una temperatura constante y agradable.

Durante los últimos años se habían realizado descubrimientos que había cambiado el tipo de vida de los seres humanos, entre los más importantes estaba la nano-tecnología que había llegado hasta la medicina y, que con nano robots, podía regenerar gran parte de células nerviosas, óseas y piel; eran como nano reconstructores que, dirigidos desde un ordenador, re-generaban pequeñas heridas. Aún se buscaba la manera de mantener estos nano-robots con baterías más potentes, puesto que su tiempo de vida era de 2 horas y no lograban demasiado trabajo en ese tiempo. La tecnología había avanzado también en las cremas solares, especialmente luego de saber que el sol, en ciertas zonas del planeta, se había vuelto una amenaza a causa de los micro fragmentos contaminados que el aire tenía y, cuando los rayos del sol los tocaban, podrían causar daños en nuestra piel. Se descubrió unas plantas que ayudaban a proteger nuestra piel de esos rayos solares contaminados y desde entonces se utilizaba en grandes cantidades.

Pasó una semana desde mi conversación con Oscar y de mi golpe en la cabeza; ya me sentía mucho mejor así que decidí visitar la comuna de Oscar, necesitaba aclarar las cosas, agradecerle por ayudarme y finalmente terminar con nuestra conversación. Esta vez utilicé un auto para dirigirme hasta el borde del mar. Mi cabeza pensaba en aquel agradable momento que pasé con Trischerum, sus palabras cuando señalaba aquella estrella, su inexplicable muerte y el asombroso fenómeno que pude observar esa noche con aquella estrella moviéndose en forma circular. Nada tenía un sentido lógico, nada estaba claro ni mucho menos creíble.

Conducía sin prestar mucha atención hasta que llegué al lugar donde supuestamente estaba aquella comuna que buscaba. ¡Nada, no había nada!, empecé a pensar que me había equivocado de lugar, así que decidí recorrer la ruta al borde del acantilado de un lado al otro y nada, simplemente habían ruinas y nada de lo que una semana atrás había visto. Me bajé del auto y caminé al borde del acantilado –  ¿Dónde estás Oscar?, ¿Dónde estás Trischerum? – me pregunté a mi mismo mientras miraba el horizonte, ahí donde el mar y el cielo se unían. De pronto, escucho unas voces tras de mí, me giré y allí estaba, la completa comuna “desaparecida” frente a mis ojos, como por arte de magia había aparecido, ahí donde estuve unos minutos atrás y sólo habían ruinas. Una mujer me vio a lo lejos y sonriendo se acerca y me pregunta si estaba perdido, simplemente le dije que buscaba a Oscar. Fue muy amable en llevarme hasta la puerta de su casa y anunciar que lo buscaba. Oscar salió y sonriendo dice:

  • Hola Hector, esperaba verte de nuevo, veo que ya estás mucho mejor
  • Hola Oscar, la verdad que no, bueno si hablamos del golpe en mi cabeza, si ya estoy bien pero si te refieres a todo lo que pasó aquella noche y lo que pasó hace unos instantes frente a mis ojos, pues no, no estoy bien, no tiene sentido lo que está ocurriendo últimamente, ¿Acaso me estoy volviendo loco? ¿El golpe me ha afectado y ahora veo cosas extrañas?, necesito explicaciones, necesito que me aclares todo y no me confundas aún más.
  • Tranquilo Hector, pasa, hablemos con un café y prometo que luego de esta conversación, todo quedará más que claro.”

Pasamos a su pequeña vivienda, las paredes eran de color blanco y brillaban como si tuviesen luces tras de ellas, el suelo era de madera y casi se podía percibir el aroma a pino, el techo ligero tenía los cristales FR-1 lo que hacía que la vivienda sea fresca y agradable interiormente.

  • Agradable lugar, tiene un gran parecido a las viviendas que construimos en el programa Rebuilding-Sud – Le dije mientras nos sentábamos en un sofá muy confortable.
  • Exacto, construidos con los robots que tú ayudaste a crear en Alemania.
  • ¿Cómo lo sabes? – pregunté otra vez sorprendido.
  • Héctor, desde hace muchos años intentamos hacerte entender que tu eres parte del cambio, ya te he explicado la semana pasada muchas cosas y no has querido aceptarlo, ahora estás aquí para que te quede todo claro, para que finalmente entiendas que ocurre ante tus ojos y no quieres ver, lo que existe y no quieres aceptar, lo que eres y no llegas a creer, lo que has venido a hacer a este mundo y has olvidado desde que eras un niño. Mira, voy a pedirte que te pongas estas gafas, son una especie de visor de realidad virtual en donde podrás ver, sentir y seguir una excelente explicación a todo lo que quieres aclarar, será tan real que pensarás que estás ahí mismo. No quiero forzarte a hacerlo, decide tú mismo si quieres intentarlo.

Pensé por 2 segundos, que podría pasar con tan solo ver un video en un visor de realidad virtual, ya lo había hecho cientos de veces para participar de reuniones virtuales de trabajo, juegos en grupo, visitas turísticas. Eran videos demasiado reales que interactúan con tus sentidos y podías percibir, oler, sentir, ver, tocar. Así que no dudé en intentarlo.

  • No hay problema Oscar, si esto va a ayudar a aclarar mis dudas, bienvenido sea. – Le dije mientras tomaba las gafas de la mesa.

Tan pronto me las puse en los ojos, esta se encendió y 4 pequeños conectores salieron del mismo y se posaron suavemente en mi cabeza, eran 2 de cada lado y al parecer se conectaban directamente con mi cerebro hasta la zona del control de mis sentidos. Nunca antes había utilizado uno de estos, de hecho jamás los había visto así que me sorprendió un poco esta nueva tecnología.

  • Listo, entonces quiero que te sientes tranquilo y que te relajes, empezarás a experimentar algo que nunca viviste y estoy seguro que finalmente nos entenderás – Dejó claro Oscar segundos antes que las imágenes frente a mis ojos empiece.

Lo primero que vi ante mis ojos fue el mar, estaba de pie en el malecón de Lima, en una zona muy bonita de Barranco, otro distrito de la ciudad que colindaba con Chorrillos y Miraflores. Todo parecía estar en orden, empecé a girar y la ciudad estaba entera, intacta, como si ningún terremoto la hubiese afectado. Podía ver los edificios a lo lejos, las casas, los autos, los parques, todo estaba como antes e incluso mejor, todo parecía nuevo ordenado. De pronto veo un niño que se me acerca, aún no terminaba de digerir lo que mis ojos veían de la ciudad y ahora el niño me sorprendió mucho más, era Trischerum que sonriendo me dice:

  • Hola Héctor, ¿Cómo estás?, bienvenido

Mis respiración se aceleró y mi corazón palpitaba rápidamente, Trischerum se acercó y tomó mi mano mientras lo miraba a los ojos muy sorprendido. No quise demostrar mi entusiasmo a él así que le sonreí y le saludé.

  • Hola, ¿Cómo estás?

Muy bien, me alegra verte otra vez, ven conmigo, quiero mostrarte todo por aquí. – Tiró ligeramente de mi mano y empezamos a caminar.

 

Continua…

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