Mi amigo Manuel

HospitalHabía pasado pocos meses desde la muerte de mi amiga Sheila cuando me dieron la noticia de que mi amigo Manuel, de la misma ciudad donde vivió Sheila, había sufrido un terrible accidente con su moto.  “Está en coma” – me dijeron muy tristes. No podía creer lo que estaba pasando, me puse muy nervioso, triste, quería llorar y me preguntaba porque estaba pasando esto, porque mis amigo estaban pasando por esto.

Manuel era del mismo grupo de amigos que tuve en la ciudad de Tacna el año 90 y 91, medio loco, divertido y siempre haciendo bromas. Un par de años que jamás borraré de mi memoria y que aún guardo un recuerdo muy importante en vídeos y en fotos.

Tan pronto me enteré que lo habían trasladado al Hospital Militar de Lima, fui a verlo. Cuando llegué a cuidados intensivos tuve mucho miedo y al verlo fue aún peor. Estaba todo entubado, con respirador, sonda, agujas en las venas. Su cara estaba algo morado seguramente por el golpe del accidente. Pregunté a la enfermera si algún familiar venía a verlo y me dijo que no, que lo habían enviado directamente desde Tacna como una urgencia pero no vino con nadie.

¿Y quien lo cuida o está a su lado por si despierta? – pregunté a la enfermera. “Por ahora no hay nadie” – me dijo. Decidí venir al día siguiente para ayudar en lo que fuera necesario, por si había que moverlo o por si despierta y pueda encontrar a alguien. Imaginaba que su familia llegaría en cualquier momento pero nada. Al tercer día no estaban ahí, ni al cuarto, ni al quinto. Decidí entonces llamar a algún amigo de Tacna y preguntar que pasaba y entonces comprendí todo. Sus padres no contaban con el dinero suficiente para pagar los gastos del vuelo que tuvieron que pagar para trasladarlo a Lima, la aerolínea cobró el triple de lo normal por traer a Manuel en el avión porque ocupaba 3 espacios. La madre y novia estaban vendiendo de todo para poder conseguir el dinero necesario y poder pagar y viajar a Lima, el padre, un sub-oficial del ejercito, no podía viajar por su trabajo.

Comprendí que su familia estaba confiando en el hospital y su madre estaba haciendo todo lo posible para recolectar dinero, vendiendo pasteles, rifas, etc. No lo dudé más y fui cada día a cuidarlo, luego de salir de mis clases de preparatoria. Cada día le hablaba y le pedía que despierte, que no podía irse… esos meses había sido difíciles luego de la muerte de Sheila como para perder a otro gran amigo.

Al 7mo día, Manuel abrió los ojos, miró a un lado y al otro y se durmió de nuevo. Los médicos dijeron que eso era un buen síntoma y que veían favorable su recuperación. Un par de horas mas tarde, despertó y preguntó “¿Quien eres?“. Pensé que estaba bromeando, como siempre solía hacer pero no fue así, difícilmente podía hablar por la boca hinchada y me di cuenta que no era una broma. Lo abracé suavemente y le dije “Soy un amigo tuyo, ¿no me recuerdas?” – No respondió, se quedó callado mientras se tocaba la cabeza y los cables conectados en sus venas. Ese día me fui a casa muy contento y agradecido por ver que mi amigo estaba recuperándose poco a poco.

Al día siguiente, al llegar al hospital, me di con la sorpresa que había una bandeja de comida junto a su cama, eran las 3 de la tarde y la comida estaba fría. Pregunté a la enfermera porque no había comido Manuel y me dijo que no había nadie para darle de comer. Me enfadé mucho así que tuve que darle yo de comer. Manuel se comportaba como un niño de 5 años, jugaba con la comida, la escupía, le daba asco algunas cosas. Era muy difícil lograr que comiera todo. Los médicos decían que había perdido la memoria pero parecía que sería temporal. No fue nada fácil, cada día era como lidiar con un niño y de vez en cuando le preguntaba por personas que conocía y nada, no recordaba nada.

Un día se me ocurrió preguntar: “¿Te acuerdas de Sheila?” y su respuesta me dejó totalmente frío: “Shhhh” me hizo el sonido de bajar la voz mientras señalaba el techo del hospital “Está ahí arriba“. “¿donde Manuel, en la siguiente planta?” – le pregunté mientras miraba el techo. “Shhh no, más arriba, mucho mucho mucho más arriba, Shhhh. Con Diosito“. Mi corazón empezó a latir rápidamente, me emocioné mucho por lo que dijo, salí de la habitación a respirar para que me pase esa emoción que sentía… era increíble lo que había pasado. No recordaba nada pero si recordaba a Sheila y sabía donde estaba.

Cada día que pasaba, Manuel volvía a su “edad mental” cuando le iba preguntando su edad iba cada vez subiendo. desde los 5 hasta los 18 y creo que ya no subió más (a pesar que tenía mas años). Hablábamos de su familia y recordaba sus nombres, le conté que pronto llegarían y estarían con él. No recordaba a su novia pero creo que en eso si que bromeaba. Reíamos y conversábamos mucho durante las 4 horas que pasaba con él cada día, ayudándole a comer, cambiarlo, moverlo, etc.

22 días después, llego al hospital a la hora habitual y observo desde la puerta que junto a su cama estaba una señora, era su madre. No quise interrumpir ese momento así que me quedé fuera. Al parecer ella me vio porque a los 30 segundos salió y se acercó rápidamente hacia mí, abalanzó su cuerpo sobre mí con los ojos llenos de lágrimas y llorando se arrodilló mientras me abrazaba las piernas y repetía “Gracias, Gracias, Gracias, la vida te va a recompensar por todo lo que has hecho con mi hijo, gracias gracias…” –  Yo intentaba ayudarla a ponerse de pie y no quedarse de rodillas pero ella estaba aferrada a mis piernas hasta que finalmente le dije “No tiene nada que agradecerme, con saber que él está bien yo ya estoy más que feliz” – ella levantó la mirada y se puso en pie, me abrazó y me dijo unas frases más que siempre llevaré en mi corazón y en mi mente “Eres un ángel para mi hijo, una bendición para mi familia y un gran hijo que refleja la buena educación de tus padres. Te agradezco por haber estado cada día a lado de mi hijo mientras yo hacía todo lo necesario para llegar aquí”  – sonreí y le dije ” Usted es una gran madre

Manuel salió del hospital 3 meses después, se recuperó totalmente y volvió con su madre a Tacna. Nunca olvidaré esos días en el hospital, las conversaciones, las risas y los llantos que tuvimos juntos… nunca olvidaré las frases de su madre… nunca olvidaré aquellos días…

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2 comentarios en “Mi amigo Manuel

  1. Nosotros sabiamos lo de tu amigo, pero no los detalles; tienes un corazón enorme hijo, te quiero mucho.

  2. Yo, César Guevara, morí una vez i cuando volví en mí, no conocía nada ni savía nada; sin embargo, aprendí, con la ayuda i compañía de un buen amigo, a integrarme a la vida social. Fue duro crecer nuevamente, aprender, asimilar, aceptar, no renunciar nunca a vivir día con día sin pensar en el ayer ni proyectarse hacia el mañana, sólo hoy, es lo que cuenta.

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