Leche fresca

LECHE

El olor que generaba la leche hirviendo en una cacerola puesta sobre el fuego, con un trozo de canela en su interior; me trae casi  inmediatamente a la mente, grandes recuerdos de mi niñez. Mi abuela Julia, allá por los años 80, solía hervir la leche que, alrededor de las 6 de la mañana, el lechero había dejado en botellas de vidrio en la puerta de la casa, como lo hacía en todo el vecindario; leche fresca, traída desde sus establos y recién extraída de las vacas. El delicioso olor me despertaba el apetito, mis glándulas salivales me empujaban a acercarme a la cocina, donde mi abuela preparaba los deliciosos manjares cada día para toda la familia, Mi abuela me explicaba el proceso, primero hervir la leche con la canela y luego podía beber una gran taza de leche fresca recién hervida.

Mis abuelos, por parte de madre, vivían en una gran casa en Salamanca, un vecindario de la gran ciudad de Lima, en una calle desde donde se podía ver parte de la gran famosa autopista “Panamericana”, en aquel entonces sin tráfico y muy diferente a como es actualmente. Muy temprano, por la mañana, podías oír los ladridos de los perros que mis abuelos tenían en el gran patio, los perros ladraban cuando el lechero, al acercarse a la casa, dejaba las botellas en la puerta que estaba en el patio. Lo mismo ocurría con el chico del periódico y el panadero del barrio. Los ladridos no me molestaba, para mi eran como un despertador y el momento de ir a la cocina y beber una gran taza de leche recién hervida.

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Algunas veces acompañaba a mi abuela a la puerta para recoger las botellas de leche, y cuando ella abría la puerta, aveces se quedaba mirando, unos largos segundos, hacia la gran autopista; muchos años después me enteré que siempre miraba hacia la Panamericana con la esperanza de ver llegar a mi tío, que años atrás había partido hacia Argentina para buscar un mejor futuro.

Otras veces, cuando el lechero llegaba tarde,  salía corriendo a la calle para ver cómo él llenaba las botellas de vidrio directamente desde los porongos* de leche que traía consigo. De cualquier forma, era una felicidad sentarme en la mesa y ver como mi abuela enfriaba mi taza de leche recién hervida, pasando la leche de una taza a otra y con gran destreza sin derramar una sola gota. Claro que no todo era perfecto, odiaba la nata que se formaba en la leche, esa capa en la leche que aparecía en mi taza y yo odiaba “beber”, así que mi abuela la sacaba con una cuchara. “Dejas de lado lo más rico y nutritivo de la leche” –  solía decir.

La casa de mis abuelos era de mis lugares favoritos para ir en mis vacaciones de colegio, cuando volvíamos a Lima en verano, normalmente nos quedábamos a dormir ahí. Además de la cocina, que ya les había mencionado, la casa tenía, como todas, un gran salón-comedor desde donde podías acceder a la cocina, el gran patio, una habitación con un camarote dentro y un pasillo muy largo que llevaba a las otras habitaciones y el baño.

A un lado del patio había un gran árbol de Palta ( Aguacate) y aunque la gran parte era asfalto, los bordes del patio tenían plantas y flores. Por la noche, las luces verdes de los fluorescentes, le daban un aspecto de un gran jardín verde. Dentro de casa, mi abuela siempre mantenía todo muy limpio y ordenado, recuerdo los sillones protegidos con un plástico transparente si no me equivoco, y un teléfono antiguo de rosca de color verde. Además, aunque les suene a machismo, mi abuela siempre disfrutó ser una ama de casa, se dedicaba de lleno a los quehaceres diarios,  que la comida siempre esté lista para todos y que la casa tenga todo el orden necesario.

Dentro de las tantas historias que les puedo contar sobre esa casa, la del aroma de leche recién hervida, es de las que más se me viene a la mente y razonando un poco me sorprende como ahora es casi imposible conseguir leche fresca y/o ver a un lechero con sus porongos dejando leche en las botellas de vidrio de la puerta; los tiempos cambian y desde mi punto de vista, en algunas cosas avanzamos a lo moderno y en otras simplemente vamos hacia atrás, hay cosas que antes fueron mejores, entre ellas: la leche fresca entregada por un lechero en la puerta de tu casa.

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Fotos: http://www.cityexpress.com

* Grandes envases de aluminio